miércoles, 6 de junio de 2018

Andrés Nieva / Una canción rimada


Hoy no tengo ganas de pensar.
Elijo juntar el frío
en el abrigo
de viejo roperos.
Hoy no quiero
robarle el sol
a los lomos de los perros. Hoy no quiero
ver las hojas amarillas
que arrastra el barrendero.
Hoy no tengo ganas de ver
ni siquiera
escuchar pelear a Los gorriones.
Hoy tan sólo hoy
quiero levitar
irme sin cenar
seguir leyendo Knut Hamsun 
y dormirme con el ventilador 
aunque haga frío.

sábado, 2 de junio de 2018

Los gatos de Schopenhauer / Jorge Leonidas Escudero




El fabricante de gatos


quiere hacerlos baratos:


junta al gato con la gata


para que se reproduzcan


pero ellos protestan,


juran que no es posible y escapan


hasta que aturdidos por la luna acceden.


Es que se creen víctimas de un cuento


unidos para enemistarlos con el perro,


asediar ratas y mear sillones.


Todo sin objeto.


Los gatos se retuercen y gritan,


bufan ásperamente


y por último se acoplan a regañadientes


sabiendo que ha habido injusticia.



Adornan almohadones y uno los cree felices


cuando en verdad dormitan resentidos,


aburridos de la vida,


 conscientes de que están comiendo mezquindades


para mayor gloria de nadie.





De Umbral de salida, 1990

viernes, 1 de junio de 2018

Las arañas de Mr. Robert Lowell / Alfredo Veiravé




Nunca sabré cómo se sustentan en el aire los

   grandes trasatlánticos llenos de pasajeros que viajan de un

continente a otro sobre el mar sobre las ciudades y

   tampoco

cómo las arañas de mi jardín sin turbinas o reactores

   transportan

esos hilos suaves donde quedan atrapadas las (tontas) moscas

y las miradas de los distraídos.  Más o menos como en un poema

(un infierno musical del Bosco)

o la traición de estas apariciones.  ¿Y quién ignora

cómo puede soportar el pecho del hombre

por qué tiempo la ausencia del amor o el reposo del fuego?

No obstante sentimos la atracción de los turistas

en los aeropuertos, como leves arañas.  ¿Volar entonces?

¿O apenas sumergirnos en la telaraña con nuestras

ignorancias urgentes?



Espero que mi fotografía póstuma mi cara

doméstica detrás de los anteojos

no me condenen ante ustedes por todo esto que ignoro.



Alfredo Veiravé
 (Gualeguay, 1928- Resistencia, 1991)

En Historia natural. Obra Poetica. Tomo 2. Nuevohacer. Grupo Editor Latinoamericano. Buenos Aires, 2002.

jueves, 31 de mayo de 2018

Los escorpiones / Alfredo Veiravé




“Los escorpiones deberían ser excluidos del suplemento literario

 de la revista Times, de los bestiarios y de los manuales de zoología

porque tienen veneno en las colas y además pinzan desde atrás

a las víctimas que distraídamente creen en las ventajas del conocimiento.”   


“Los escorpiones deberían ser aplastados con fórmulas matemáticas

                   y en nombre de los lentos

                   sentimientos del mundo

                   colocados bajo las piedras para evitar que

sigan contorsionándose impúdicamente en vez de dejar vivir en paz a los otros.”      


“Por algo Platón los desterró de la República.”


Eso me dijo mientras recorríamos el Zoológico de Johannesburgo

una mujer divorciada que los odiaba particularmente.



Alfredo Veiravé (Gualeguay, 1928- Resistencia, 1991)

En Historia natural. Obra Poetica. Tomo 2. Nuevohacer. Grupo Editor Latinoamericano. Buenos Aires, 2002.


martes, 29 de mayo de 2018

Antropologías o las ventajas de vivir en la provincia / Alfredo Veiravé



I


La poesía es un estado de refracción que cruza el cielo

como un arco iris después de la tormenta, y el poema un objeto

geométrico como el Gran Vidrio de Marcel Duchamp, pero

¿a quién leérselo antes de someterlo a la prueba del sapo

para saber si está bien engendrado? O mejor dicho, ¿para saber

si no sufre de autodecepciones después de la experiencia?

                   Nadie en particular

es capaz de acompañar a la pareja en sus pesadillas

y los más íntimos, por amor, entienden fácilmente lo que no

está en el poema.  Esta es la primera ventaja de vivir en la provincia.



II



Me detendría un poco en las teorías del color local

del universo: toda la historia de Yoknapatawpha, Ítaca o Pampa

del Infierno, o en los vuelos diurnos de las siestas en relación

con  los conceptos de energía, pero los discípulos provincianos de Freud

o de Lacan, seguramente, ya las han analizado,

                        además, por supuesto, el recuerdo inventado

no se hace solamente con ideas.

            Las otras ventajas provisorias, como el baile de las abejas orientadas

por el sol, el exhibicionismo tropical de los mamones, las hondas

preguntas sin respuestas, el cosmos vital de las palabras,

ya las saben sin trampas mis vecinos.  Por eso aquí, en el interior

de los helechos del sueño que toco con la mano

se oye siempre la secreta invitación del ilustre manchego imaginario:

                      “Pasa raro Inventor, pasa adelante”.




Alfredo Veiravé (Gualeguay, 1928- Resistencia, 1991)

En Radar en la tormenta. Obra Poetica. Tomo 2. Nuevohacer. Grupo Editor Latinoamericano. Buenos Aires, 2002.

lunes, 28 de mayo de 2018

Los nombres / Manuel Bandeira




















Dos veces se muere:
Primero en la carne, después en el nombre.
La carne desaparece, el nombre persiste pero
Perdiendo su casto contenido
−Tantos gestos, palabras, silencios−
Hasta que un día sentimos,
Con un golpe de espanto (¿o de remordimiento?)
que el nombre querido ya no suena como los otros.

Santita nunca fue para mí el diminutivo de Santa.
Ni Santa fue nunca para mí la mujer sin pecado.
Santita eran dos ojos miopes, cuatro incisivos claros a flor de boca.
Era la intuición rápida, el miedo a todo, un cierto modo de decir "Válgame Dios".

Adelaida no fue para mí Adelaida solamente,
sino también cabellera de Berenice, Innominada, Casiopea.
Adelaida, hoy apenas sustantivo propio femenino.

Los epitafios también se borran, lo sé.
Pero más lentamente que las reminiscencias
en la carne, menos inviolables que las piedras de las tumbas.



Manuel Bandeira  (Recife, 1886- Río de Janeiro, 1968)

En Momento en un café y otros poemas. 
Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1986.
Trad. Estela Dos Santos

domingo, 27 de mayo de 2018

El entusiasmo de las primeras veces... / Gilda Guzmán




El entusiasmo de las primeras veces
se diluye
en el devenir monótono
de creer que ya se sabe
lo que vendrá

como si uno fuese
el creador del universo
como si uno supiera
por dónde viene la mano
que pinta de marrón oscuro
lo que ya se ha dibujado

como si el agua que provoca ácido
no viniera de un manantial

Escuchó mi cuerpo:
un antiguo castillo

derrumbándose.


De Pertenezco a esta familia

Buena Vista Editores, 2016.

sábado, 26 de mayo de 2018

Poética / Manuel Bandeira



















Estoy harto del lirismo comedido
Del lirismo bien educado
Del lirismo empleado público con libro de asistencia
expediente protocolo y manifestaciones de aprecio
al Sr. director

Estoy harto del lirismo que se detiene para averiguar en el
            diccionario el cuño vernáculo de un vocablo

Abajo los puristas

Todas las palabras sobre todo los barbarismos universales
Todas las construcciones sobre todo las sintaxis de excepción
Todos los ritmos sobre todo los innumerables

Estoy harto del lirismo sentimentaloide
Político
Raquítico
Sifilítico
De todo lirismo obsecuente con todo menos consigo mismo.

Además no es lirismo
Será contabilidad tabla de cosenos secretario del amante
ejemplar con cien modelos de cartas y las diferentes
maneras de gustar a las mujeres, etc.

Prefiero el lirismo de los locos
El lirismo de los borrachos
El lirismo difícil y errante de los borrachos
El lirismo de los clowns de Shakespeare.

−No quiero saber nada más del lirismo que no es
            liberación.



Manuel Bandeira  (Recife, 1886- Río de Janeiro, 1968)

En Momento en un café y otros poemas. 
Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1986.
Trad. Estela Dos Santos


El cactus / Manuel Bandeira



Aquel cactus recordaba los desesperados gestos
de la escultura:
Laocoonte oprimido por las serpientes,
Ugolino y los hijos hambrientos.
Evocaba también el seco nordeste, palmeras,
pobres matorrales
Era enorme, aun para esa tierra de grandezas
excepcionales.
Un día, un huracán furibundo lo arrancó de cuajo.
El cactus cayó a lo ancho de la calle,
Rompió las cercas de las casas,
Impidió el tránsito de tranvías, automóviles, carros,
Arrancó los cables eléctricos y durante
veinticuatro horas privó a la ciudad de
iluminación y energía:
Era bello, áspero, intratable.



Manuel Bandeira  (Recife, 1886- Río de Janeiro, 1968)

Trad. Santiago Kovadloff

jueves, 24 de mayo de 2018

Visiones argentinas / Andrea Guiu



Los ven llegar agazapados
en la costa
al alba
con manchitas sobre el cuero de oro
los ven venir
de barro
las uñas que dejaron su estela en la panza de la liebre
preparadas
los espían
las patas hundidas en la ciénaga

listos para despellejarles los blasones
y aún así
después de haberse bebido
la plata dulce y el dorado en veremos
los muy tontos
cambiando vidrios de colores
por incendios

aún después de ser ejecutados
de comerse hasta el último resquicio del hermano
una noche sin luna
insisten en quedarse

en asentar la marca de la yerra sobre el ganado y liturgia
mientras unos se baten en los desfiladeros
con el asma
y unos los más emigran de la patria remanida
para hacerse costumbre añoranza
lo ven testigos con levita al que cruzó la Cordillera
sin soldados
espiar a la madre cuando teje
abrazar el tronco de la genealogía
dominar los modales a bordo del mayflower
atravesar en vela el filo de la lluvia y sin paraguas
tropezar la consigna escrita en piedra
de frontera
hasta morir inoxidable después de tanta actividad
en el sillón de baquelita

antes de imaginarse la avanzada
las patas en la fuente los santitos las velas
por la que humilla a las señora por las tardes
con su pésima dicción

el pelo con glostora
el diamante bruto entre las cejas
menos tupidas que las de juan moreira
pero igual de filosa la matriz que la gema

los ve venir su hijita la costurera ardiente
como ha aprendido en los manuales
que le dio la Señora
el aullido la flecha contra el furor del remington
un revolear de paja brava la humareda
caer al fondo del zanjón las crines
como si fuera hoy los ve
saltar sin red sobre la cicatriz traidora
un gran ejército de hormigas bravas
a cientos de kilómetros del club social

de su casa de plan

la ven rondar
inmaculada
junto a las viejas de los trapos
desplegar el silencio en gigantografía
mostrar el costurón que nadie quiere ver
contra natura
puras pupilas y bigotes y pecas no se les ven las faldas
ni los ruedos ni el callo

que vivan aunque mueran
al general que lo ve todo desde el aire
una línea de puntos color nata
y en los alrededores
otros muchos negros que ninguna pomada
salen de todas partes
rompen filas quieren llevarlo en anda sobre una
alfombra de merluzas
le salpican el traje gotas imperceptibles imborrables
imberbes

en remolino las banderas en alto
esperando a godot
a la vanguardia
de sus granaderos que los ven
detrás de las itacas
demasiado presentes
sin olvidarse de una sola coma
sin comerse las eses

caminar decididos

hacia el gran angular de las lentes blindadas
por si llueve
hacia las trampas listas
hacia los cables tendidos por las dudas
los ven desorbitados
hacia los baldes los pinchos las puntas
venir
las tijeras el olor de la quema

los ven de arena vomitando vivas

y cuando se los llevan
y cuando se los chupan
y cuando se los tiran por el rabillo de la cerradura
¿y cuando todo se termina?

nada ven entonces nada vieron los vecinos las tías
los docentes decentes
lo juran por sus madres
lo gritan abrigados en sus escarapelas
en sus ponchos overos
tomando taragüí citando a hernández
al lado de la estufa cuando rezan
por quienes doblan las campanas
las 24 horas de patriada chocolates enseñas

los ven en cada Informativo
en todas las revistas
el casco reluciente
las narices respirando el tufo del futuro
los ven alegres y confiados
los ven adolescentes
unas estalactitas en las cejas que casi no se ven
las agujas las cartas cosidas en el forro de los borceguíes
que apenas si se notan
los lagrimales en el freezer

los ven
arriar el luto a media asta arriba de los colectivos
en las plazas
morder el polvo
desearla desde lejos

desde los puentes las alcantarillas los hospicios
con su vestido de amapola
la ven
soltar palomas por las calles atravesar la murga
entre las cruces
los idus
la cantinela amarga de los que volvieron
de los que se quedaron con nostalgia
de los que quieren olvidarse
de los que tocan las guitarras y los bombos en las peñas para verse
en las ganas
antes de que sea demasiado tarde
de que les crezcan las orejas las narices las corbatas
de volverse comestibles
aunque repita nunca más nunca más

en las salas de embarque los andenes los shoppings
los barcos nunca más

los ven los que vinieron anudar los pañuelos
enarbolar la ausencia
al final de la fiesta
de las martas de las testas rosas
de las gacetas mercantiles de la soberanía en cuotas

los ven aunque que no quieran sin cámaras ocultas
gastar las suelas en las alfombras persas
celebrar la maniobra del 10
en la ambulancia

los ven antes que el árbitro
envuelto en celofán lleno de tubos fluorescentes
decúbito dorsal y anfetaminas
resucitar de nuevo
lo que queda del ansia
que ellos también perdieron
ellos que siempre pagan los impuestos
ellos también
lo reconocen en círculos concéntricos
tachín tachín las ollas de acero inoxidable
en reclamo de un sueño de pioneros

inhabitados se ven
los dobladillos mal cosidos

un sueño de poetas la carencia
un sueño que no termina de parirse
con nombre de mujer entre fragmentos

la ven amanecer
tan sola
al oeste del faro
al norte del deshielo
al sur del más remoto de los vientos
atada con piolín la ven
flamear austral volverse a su madeja
desovillarse por un arte de abuelas
para volver a armar la prenda con sus viejos recursos
de pobreza en innovada
para abrigar a quienes rindieron sus heridas
a los que prenden las hornallas
a las que enseñan los palotes
que trafican la huerta
a las que mandan cartas con archivos adjuntos para el portarretrato
a los que auscultan los latidos

la ven hacerse de a poquito
por donde filtra el sol sin anteojeras
la ven hacerse en ella meterse en ella un derecho un revés
sin ocultar el hilo
lenta
sin lupa desperezarse sin epifanía
la ven
sin ilusiones ópticas
la siguen la empujan suavemente
se suben a los hombros
se aferran de los unos con las plantas
se aventuran el agua en carne viva
de la trama bizarra las cenizas
en mensaje cifrado de los tiempos que recelan los libros
del augurio los ojos
que no ven si el corazón se calla
la pirueta del ángel
con las alas raídas
con el futuro a sus espaldas cuando avanza.


De Libro de ojos
Alción, 2006


Historia del arte / Alberto Girri

Mordimos sobre cuanto existe hasta escarnecerlo, hasta la desvergüenza, una provocación a lo desconocido, un esfuerzo a menudo ...