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miércoles, 21 de agosto de 2013

A mi espalda / Juan Cunha


El que fui vuelve llorando, y no hay manera
De aplacar su pena sola.
El que fui viene llorando: es sólo un niño
Que no puede con la tarde.

Le diría que se vaya,
Que ya no tengo más aquellas láminas
Con paisajes, donde una luz de atardecer duraba;
Donde pasaba un ángel con un aro

Mas no tengo valor para volverme.
Él me toca en el hombro, y se detiene
Alelado: no comprende; y llora aún más.
Cómo arreglarme un rostro ya para enfrentarlo.

Y se queda. Y reincide. Y calla luego.
(La luz, final, vacila; sale la brisa; algo tiembla)
Cuando no es más que un niño desvalido
Y solo, que no puede con la tarde.

  
Juan Cunha (Sauce de Illescas,1910- Montevideo,1985)

En Carpeta de mi gestión terrestre.



miércoles, 15 de febrero de 2012

Periodística / Circe Maia



La detallada descripción de los síntomas
de la muerte por hambre
de los cautivos en la cárcel de Maze.

La narración de la notable
recuperación, despues de un acccidente
de un obrero o un niño o una joven.

El comentario financiero: el alza
y la baja de todos los valores.

Historias pintorescas y chistosas.
Recetas de belleza y de cocina.
Una entrevista a alguien
que habla y nada dice.
Historietas.

Circe Maia (Montevideo, 1932)
De Obra poética. Rebeca Linke Editoras. Montevideo, 2010.


sábado, 26 de marzo de 2011

Dicho y escrito / Circe Maia



Y lo asombroso es esto:
que el horror da sus golpes
y pronto -días, meses-
se amortigua, se cambia
de ser hecho brutal, en charla, en tema
para conversaciones.

Horrible, horrible es esto:
sentado en un sillón, alguien escribe
-si, ya escribe, ya lee-
y alrededor se habla
se comenta, se dice
y hasta el espanto puro
de la crueldad salvaje
es un tema: palabras
palabras
dichos
frases.

Circe Maia (Montevideo, 1932)
De Obra poética. Rebeca Linke Editoras. Montevideo, 2010.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Balada del ausente / Juan Carlos Onetti



Entonces no me des un motivo por favor
No le des conciencia a la nostalgia,
La desesperación y el juego.
Pensarte y no verte
Sufrir en ti y no alzar mi grito
Rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa,
En lo único que puede ser
Enteramente pensado
Llamar sin voz porque Dios dispuso
Que si Él tiene compromisos
Si Dios mismo le impide contestar
Con dos dedos el saludo
Cotidiano, nocturno, inevitable
Es necesario aceptar la soledad,
Confortarse hermanado
Con el olor a perro, en esos días húmedos del sur,
En cualquier regreso
En cualquier hora cambiable del crepúsculo
Tu silencio
Y el paso indiferente de Dios que no ve ni saluda
Que no responde al sombrero enlutado
Golpeando las rodillas
Que teme a Dios y se preocupa
Por lo que opine, condene, rezongue, imponga.
No me des conciencia, grito, necesidad ni orden.
Estoy desnudo y lejos, lo que me dejaron
Giro hacia el mundo y su secreto de musgo,
Hacia la claridad dolorosa del mundo,
Desnudo, sólo, desarmado
bamboleo mi cuerpo enmagrecido
Tropiezo y avanzo
Me acerco tal vez a una frontera
A un odio inútil, a su creciente miseria
Y tampoco es consuelo
Esa dulce ilusión de paz y de combate
Porque la lejanía
No es ya, se disuelve en la espera
Graciosa, incomprensible, de ayudarme
A vivir y esperar.
Ningún otro país y para siempre.
Mi pie izquierdo en la barra de bronce
Fundido con ella.
El mozo que comprende, ayuda a esperar, cree lo que ignora.
Se aceptan todas las apuestas:
Eternidad, infierno, aventura, estupidez
Pero soy mayor
Ya ni siquiera creo,
En romper espejos
En la noche
Y lamerme la sangre de los dedos
Como si la hubiera traído desde allí
Como si la salobre mentira se espesara
Como si la sangre, pequeño dolor filoso,
Me aproximara a lo que resta vivo, blando y ágil.
Muerto por la distancia y el tiempo
Y yo la, lo pierdo, doy mi vida,
A cambio de vejeces y ambiciones ajenas
Cada día más antiguas, suciamente deseosas y extrañas.
Volver y no lo haré, dejar y no puedo.
Apoyar el zapato en el barrote de bronce
Y esperar sin prisa su vejez, su ajenidad, su diminuto no ser.
La paz y después, dichosamente, en seguida, nada.
Ahí estaré. El tiempo no tocará mi pelo, no inventará arrugas, no me inflará las mejillas
Ahí estaré esperando una cita imposible, un encuentro que no se cumplirá.

Juan Carlos Onetti

* [Entre las curiosidades agrupadas en el volumen "Miradas sobre Onetti", (compilado por el periodista Omar Prego y editado por el sello Alfaguara en Uruguay, en 1995), llama la atención este poema, rara avis de la obra de Onetti, en el que no es difícil detectar la influencia del tango. Al parecer, Onetti sólo escribió tres poemas durante toda su vida, aunque hay quien opina que sus verdaderos poemas son, en realidad, sus novelas.]

Fuente:
www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/onetti/fantasmas.htm

Historia del arte / Alberto Girri

Mordimos sobre cuanto existe hasta escarnecerlo, hasta la desvergüenza, una provocación a lo desconocido, un esfuerzo a menudo ...