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viernes, 1 de junio de 2018

Las arañas de Mr. Robert Lowell / Alfredo Veiravé




Nunca sabré cómo se sustentan en el aire los

   grandes trasatlánticos llenos de pasajeros que viajan de un

continente a otro sobre el mar sobre las ciudades y

   tampoco

cómo las arañas de mi jardín sin turbinas o reactores

   transportan

esos hilos suaves donde quedan atrapadas las (tontas) moscas

y las miradas de los distraídos.  Más o menos como en un poema

(un infierno musical del Bosco)

o la traición de estas apariciones.  ¿Y quién ignora

cómo puede soportar el pecho del hombre

por qué tiempo la ausencia del amor o el reposo del fuego?

No obstante sentimos la atracción de los turistas

en los aeropuertos, como leves arañas.  ¿Volar entonces?

¿O apenas sumergirnos en la telaraña con nuestras

ignorancias urgentes?



Espero que mi fotografía póstuma mi cara

doméstica detrás de los anteojos

no me condenen ante ustedes por todo esto que ignoro.



Alfredo Veiravé
 (Gualeguay, 1928- Resistencia, 1991)

En Historia natural. Obra Poetica. Tomo 2. Nuevohacer. Grupo Editor Latinoamericano. Buenos Aires, 2002.

jueves, 31 de mayo de 2018

Los escorpiones / Alfredo Veiravé




“Los escorpiones deberían ser excluidos del suplemento literario

 de la revista Times, de los bestiarios y de los manuales de zoología

porque tienen veneno en las colas y además pinzan desde atrás

a las víctimas que distraídamente creen en las ventajas del conocimiento.”   


“Los escorpiones deberían ser aplastados con fórmulas matemáticas

                   y en nombre de los lentos

                   sentimientos del mundo

                   colocados bajo las piedras para evitar que

sigan contorsionándose impúdicamente en vez de dejar vivir en paz a los otros.”      


“Por algo Platón los desterró de la República.”


Eso me dijo mientras recorríamos el Zoológico de Johannesburgo

una mujer divorciada que los odiaba particularmente.



Alfredo Veiravé (Gualeguay, 1928- Resistencia, 1991)

En Historia natural. Obra Poetica. Tomo 2. Nuevohacer. Grupo Editor Latinoamericano. Buenos Aires, 2002.


martes, 29 de mayo de 2018

Antropologías o las ventajas de vivir en la provincia / Alfredo Veiravé



I


La poesía es un estado de refracción que cruza el cielo

como un arco iris después de la tormenta, y el poema un objeto

geométrico como el Gran Vidrio de Marcel Duchamp, pero

¿a quién leérselo antes de someterlo a la prueba del sapo

para saber si está bien engendrado? O mejor dicho, ¿para saber

si no sufre de autodecepciones después de la experiencia?

                   Nadie en particular

es capaz de acompañar a la pareja en sus pesadillas

y los más íntimos, por amor, entienden fácilmente lo que no

está en el poema.  Esta es la primera ventaja de vivir en la provincia.



II



Me detendría un poco en las teorías del color local

del universo: toda la historia de Yoknapatawpha, Ítaca o Pampa

del Infierno, o en los vuelos diurnos de las siestas en relación

con  los conceptos de energía, pero los discípulos provincianos de Freud

o de Lacan, seguramente, ya las han analizado,

                        además, por supuesto, el recuerdo inventado

no se hace solamente con ideas.

            Las otras ventajas provisorias, como el baile de las abejas orientadas

por el sol, el exhibicionismo tropical de los mamones, las hondas

preguntas sin respuestas, el cosmos vital de las palabras,

ya las saben sin trampas mis vecinos.  Por eso aquí, en el interior

de los helechos del sueño que toco con la mano

se oye siempre la secreta invitación del ilustre manchego imaginario:

                      “Pasa raro Inventor, pasa adelante”.




Alfredo Veiravé (Gualeguay, 1928- Resistencia, 1991)

En Radar en la tormenta. Obra Poetica. Tomo 2. Nuevohacer. Grupo Editor Latinoamericano. Buenos Aires, 2002.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Retrato del filodendro / Alfredo Veiravé




Si Monet pintó varias veces una parva de heno
en el mismo día para demostrar que la luz cambia el color de las parvas,
por qué yo no voy a escribir otro poema al filodendro
[de mi casa
si siempre los amigos que llegan lo entrevistan
y le toman fotografías y él crece orgulloso contra la
pared igual que una vedette del cine mudo
porque el orgullo es objeto de la vanidad y eso se le nota
en los días de lluvia cuando desdeña las gotas pequeñas
y sólo deja caer sobre sus hojas art nouveau o de medusa
[verde,
las gotas grandes y las más sonoras, ah, hijo, le reprocho
con Hipócrates:
la vida es corta, el arte largo, la ocasión fugitiva,
la experiencia falaz, el juicio dificultoso...
y él me sonríe y me cuenta que otra planta que no me quiere
nombrar lo ama tiernamente en el jardín de las penumbras.

Además, agrega, la felicidad consiste en saber disfrutar

lo que no se tiene, y no sé por qué enredos vegetales manifiesta ahora un poco serio: "por eso yo no me mezclo en rencillas de palacio".


Alfredo Veiravé (Gualeguay, 1928- Resistencia, 1991)

En Historia natural. Obra Poetica. Tomo 2. Nuevohacer. Grupo Editor Latinoamericano. Buenos Aires, 2002.

Mi casa es una parte del universo / Alfredo Veiravé



Los que la vieron dicen que la tierra
es una esfera en el espacio, un planeta
más bien pequeño
del tamaño del dedo pulgar de los astronautas.
Yo no lo dudo porque he visto las fotografías
y porque ahora estoy a casi medio planeta de mi casa.
Lo mejor de todo esto es que en ese pulgar
también mi casa es una parte del universo.
Cómo no serlo si en el patio del fondo
hay un filodendro de gigantes hojas y también gusanos bajo
la tierra
aptos para la pesca, y ahora que me acuerdo
el olor de los helechos contra la pared
la cara de Delfina o Federico entre los árboles
y aquel canario que se nos voló de noche.





Alfredo Veiravé (Gualeguay, 1928- Resistencia, 1991)

En Puntos luminosos. Obra Poetica. Tomo 1. Nuevohacer. Grupo Editor Latinoamericano. Buenos Aires, 2002.

jueves, 20 de agosto de 2009

PALABRA CAZADA AL VUELO / Alfredo Veiravé

Ave cruza - Cementerio en Yavi
Foto: Alexis Comamala




No he sido nunca un cazador de perdices porque la
muerte de
un animal pequeño me sacude como el viento del
campo a los pastos extraños,
pero soy cazador de la palabra en vuelo, lo cual
constituye una estética desdeñada por Valéry entre
otros.
¿De dónde viene esta cetrería sin halcones?
Debe ser, supongo, una fuerza que sale de la propia
voz callada
que comienza a hablar dentro de uno, en cualquier
momento;
el lujo de la bandada que cruza el cielo en una
tarde espectacular, cuando el papel en blanco nos mueve los dedos,
articulados en una mano que golpea las teclas.
Quizá la poesía no esté allí, sino en los entresueños
cuando
despiertos, miramos con los ojos cerrados
una ceniza que se llama tiempo, quizá la mentalidad
del oído que oye murmullos entre los muertos.
Por eso nada habrá cuando me haya caído en la
sombra
ya que todo es instantáneo, súbito,
y los poemas inéditos se han roto para siempre.


Como poeta repentista asumo estas obligaciones y
también esos defectos.
Quede para otra ocasión la posibilidad de que la vejez
dicte en otras personas el murmullo de una flor de
coral
que asoma debajo de las aguas.


Alfredo Veiravé

Historia del arte / Alberto Girri

Mordimos sobre cuanto existe hasta escarnecerlo, hasta la desvergüenza, una provocación a lo desconocido, un esfuerzo a menudo ...