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María Magdalena / Elena Anníbali

I

No sé dónde olvidé mi nombre, mi casa y mis vestidos, Señor mío.
Hoy llámame tu María Magdalena,
tu hermosa puta consentida,
tu fruta arábiga y dulce sucediendo en tu boca.

II

Yo soy la serpiente.
He creado a Dios en 7 días
y por las noches, moldeé una Eva demencial y hermosa,
con heridas tibias que Adán visita con su luminoso falo.
Por entonces era el principio, Señor mío,
y he esperado 33 años para encontrar el hilo de tu sangre,
el rumor de agua de tus huesos, donde busco mi nido primitivo.

III

Reconóceme, Señor mío.
Soy la Mater Dulcisima,
ciudadana,
non casta,
voluptuosa obra de carpintería,
hostia ambigua que al pie de tu cruz
te ofrece el mundo,
la adoración de los hombres,
la inconfundible salobridad de las lágrimas,
la amarga eternidad.

Elena Anníbali (Oncativo, 1978) 
de Madres Remotas, Cartografías Ediciones. Río Cuarto, 2007.


Comentarios

GrammatiKon ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo ha dicho que…
Siempre me ha interesado la mirada de María, la mujer de Magdala, la mujer del Cristo. Y este poema, con su estilo propio y su idea, me conmovió. Se trata de una muy buena poeta, sin duda. Abrazo afectuoso, Alfredo Lemon

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Sin poder publicar ningún libro,
Sin verle la cara a mis versos en letra impresa,
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Que no se molesten.
Si así se dio, así está bien.

Aun cuando mis versos nunca sean impresos
Ellos tendrán su belleza, si fuesen bellos.
Pero ellos no pueden ser bellos y quedarse sin imprimir,
Porque las raíces pueden estar debajo de la tierra
Pero las flores florecen al aire libre y a la vista.
Tiene que ser así a la fuerza. Nada lo puede impedir.

Si yo muero muy joven, oigan esto:
Nunca fui sino un niño que jugaba.
Fui muchedumbre como el sol y el agua,
De una religión universal que sólo los hombres no tienen.
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Ni intenté encontrar nada,
Ni encontré que hubiese más explicación
Que la palabra explicación no tiene ningún sentido.
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