viernes, 13 de julio de 2018

Lo simple / Alexis Comamala



Lo simple

           se ha dejado,

                     se ha pegado,

se ha alojado

           mientras los muchachos

                    en las alturas

declinan el clavo
         
          y los tercios de la historia.

                   Se han acostumbrado

a la trinidad

          en donde hay lúgubres

                   lugares de culpa

lunas aisladas

          se trenzan graves

                 
                  desconcierto

suena el teléfono,

           nadie habla,

                  no volverá igual.


Alexis Comamala

jueves, 12 de julio de 2018

Días / Philip Larkin




¿Para qué sirven los días?
Los días son donde vivimos.
Vienen y nos despiertan
una y otra vez..
Están para nuestra felicidad
¿Donde vivir, sino en los días?

Ah, para esta cuestión
el médico , y el cura
se ponen sus largos abrigos
y con prisas recorren los campos.


Philip Larkin (Coventry, 1922- Hull, 1985)

En Las bodas de pentecostés. Lumen. Barcelona, 2007.
Trad. Damián Alou

miércoles, 11 de julio de 2018

Ignorancia / Philip Larkin



Que raro no saber nada, nunca estar seguro
de qué es cierto o acertado o real,
y verse obligado a puntualizar O eso creo,
o Bueno, eso parece:
seguro que alguien sabe.

Qué raro ignorar cómo van las cosas:
su talento para encontrar lo que necesitan,
su sentido de la forma, su puntual diseminación
de la semilla, y su voluntad para cambiar;
sí es raro,

incluso vestir ese conocimiento -pues nuestra carne
nos rodea con sus decisiones-
y sin embargo pasar toda la vida en imprecisiones,
pues cuando empezamos a morir
no tenemos ni idea de por qué.


---

Philip Larkin (Coventry, 1922- Hull, 1985)

En Las bodas de pentecostés. Lumen. Barcelona, 2007.
Trad. Damián Alou

martes, 10 de julio de 2018

Agua / Philip Larkin



Si me invitaran
a crear una religión
haría uso del agua.
Ir a la iglesia
implicaría cruzar un vado
y llegar a ropas secas, distintas;
mi liturgia utilizaría
imágenes de inmersión,
un furioso y devoto empapamiento,
y yo levantaría hacia el este
un vaso de agua
donde la luz en cualquier ángulo
se congregaría hasta el infinito.

___
Philip Larkin (Coventry, 1922- Hull, 1985)
En Las bodas de pentecostés. Lumen. Barcelona, 2007.
Trad. Damián Alou

Y ahora / Adrienne Rich


Y ahora mientras lees estos poemas
- tú cuyos ojos y manos amo –
- tú cuyos ojos y boca amo –
- tú cuyas palabras e ideas amo –
no creas que intentaba exponer una causa
o armar un decorado:
intenté escuchar
la voz pública de nuestra época
intenté examinar nuestro espacio público
lo mejor que pude
- intenté recordar y permanecer
a los detalles, observar
con precisión cómo se movía el aire
y dónde se detenían las manecillas del reloj
y quien se ocupaba de las definiciones
y quien se alzaba al recibirlas
cuando el nombre de la compasión
fue cambiado por el de la culpa
cuando sentir con un humano extraño
fue declarado obsoleto

___
Adrianne Rich (Maryland,1929 - California, 2012)
De Oscuros campos de la República. Poemas 1991–1995. Ed. Norma. Colombia, 1999.

sábado, 7 de julio de 2018

El gorrión / William Carlos Williams


 a mi padre

El gorrión 
         que se posa en mi ventana 
                 más que una verdad natural 
es una verdad poética.
         Su voz, 
                 sus movimientos,
sus hábitos:
         como goza batiendo 
                 las alas 
en el polvo 
         todo ello lo atestigua; 
                 de acuerdo, lo hace 
para sacudirse los piojos,
         pero el alivio que siente 
                 hace que píe 
de placer 
         y eso es un gesto 
                 más musical 
que otra cosa.
         Dondequiera que se encuentre 
                 a comienzos 
de primavera 
         en lugares sin importancia 
                 o en las proximidades de un palacio, 
él prosigue sus amores 
         sin inmutarse. Aquello 
                 comienza en el huevo: su sexo 
lo genera; ¿qué podría haber 
         más pretencioso 
                 e inútil 
o hacer 
         que sintamos más orgullo? 
                 Nos conduce muchas veces 
a la ruina. 
         El gallo, el Cuervo 
                 con sus voces desafiantes
¡no consiguen 
         superar 
                 su piar insistente! 
Una tarde 
         en El Paso 
                 pude ver 
—¡y escuchar!
        diez mil gorriones 
                 llegar raudos 
del desierto. 
        Invadieron los árboles 
                de un parque. Todo el mundo huyó
de sus deyecciones
        (¡con los oídos zumbando!) 
                abandonando el lugar. 
a los lagartos 
        que vegetan 
                en la fuente. Su imagen 
nos resulta familiar 
        como la de la aristocrático unicornio, 
                qué lástima 
que ya nadie como avena 
        en estos días: 
                su vida sería 
mucho más simple.
        Aunque su 
                pequeñez,
su aguda vista,
        su bien dispuesto pico 
                y agresividad 
le aseguren la supervivencia;
        por no hablar 
                de su numerable 
prole.
        Hasta los japoneses 
                saben de él 
y lo han retratado 
        con simpatía 
                y profundo acierto 
en sus menores 
        características.
                Nada hay levemente 
sutil 
        en su apareamiento.
                Se inclina 
ante la hembra 
        y sacude las alas
                bailoteando 
echa atrás la cabeza 
        y sencillamente 
                ¡chilla! El estruendo 
es enorme.
        La manera en que limpia las tablas 
                a golpe 
de pico 
        es decisiva, 
                igual que el resto 
de sus actividades. Sus cejitas 
        castañas 
                le dan un aire 
de perpetuo 
        ganador; incluso 
                una vez 
vi una hembra gorrión 
        escalar decidida
                hasta el techo 
de un depósito de agua 
        agarrando al macho 
                por las plumas 
y llevarlo 
        callado, 
                sumiso,
colgando sobre las calles 
        hasta perderse 
                de vista.
¿Qué significaba 
        aquello? 
                La propia hembra 
parecía 
        perpleja ante su logro.
                Reí francamente.
Fue el poema 
        de su existencia 
                siempre práctica 
lo que triunfó 
        finalmente: 
                un amasijo de plumas 
aplastado en el pavimento, 
       alas simétricamente extendidas, 
                como si volara, 
perdida la cabeza, 
       el negro emblema del pecho
                indescifrable, 
la efigie de un gorrión 
       sólo un cáliz vacío 
                ahí para 
comunicar 
       bellamente, 
                sin ofender a nadie: 
esto fui, 
       un gorrión.  
                Lo hice lo mejor que pude.
Adiós.


---
De La invención necesaria.
Universidad Diego Portales, 2013.
Trad. Juan Antonio Montiel

viernes, 6 de julio de 2018

Mi padre se va de casa / Iván Wielikosielek




Mi padre el que va molido rumbo al cementerio
el que va partido por el camino de troncos talados por leñadores
el que va desarmado rumbo a una chacarita de almas y de huesos
el que va hecho polvo porque ha sido un hombre 
y ha vuelto al polvo porqué no está redimido
el que va hecho barro seco porque ha muerto y no lo han resucitado
el que va hecho arcilla de misericordia no cocida
y recrudece en el horno inútil del vacío

Mi padre el que va rendido rumbo al patíbulo
el que será juzgado por los vivos y perdonado por los muertos
el que será condenado por su hijo hecho un niño 
y absuelto por ese mismo niño hecho un hombre
el que será degollado con la hoz que guillotinó el sexo de su hijo
y luego será crucificado en un madero y vivirá más allá
siempre más allá de la sed y de la noche

Mi padre armazón de huesos concéntricos desembocando en un útero vacío
Mi padre calavera de mis sesos y negra sangre de mi agitada sangre
Mi padre el que va degollado rumbo al matadero
el que va desangrado rumbo a la cópula sin sangre de los muertos
el que va perfumado con su aroma a ferroviario y pinos y durmientes
el que va con su cabeza de pelo azabache coronada con ortigas

Y es mi padre es el que me llama después de la medianoche 
cuando mi cuerpo de niño aún duerme en las penumbras
Y es mi padre el que se ha muerto pero me torturara
porque sabe que todavía lo necesito
Y es mi padre el que ha matado a mi padre 
cuando cumplí los siete años

Mi padre con una guadaña del ferrocarril que me busca entre los yuyos 
Mi padre que me mira desde el fondo de un pozo y me pide que lo saque
Mi padre que me trae figuritas de fútbol una noche en que me muero del asma

Mi padre el que va perdido rumbo al gran foso de la noche 
ojo ciego del vacío
Mi padre el que va hundido en la tierra húmeda de Bielorrusia y de mi pueblo
ojo ciego del vacío
Mi padre el que se tambalea en una carreta fúnebre por calles desnudas
ojo ciego del vacío
Mi padre que sólo abre los ojos en los sueños de su hijo
ojo ciego del vacío

Mi padre manos de asesino que se aferran a mis manos suicidas
porque necesitan llevarme al otro lado de la vida
Mi padre parva de hojas secas quemándose en el calvario de sus huesos
Mi padre que me odia y me necesita y me aborrece y me redime

Boca húmeda que pronuncia mi nombre con asco
mi padre
Sexo escindido desposándose en un orgasmo de dolor con las nalgas de mi madre
mi padre
Ojos negros clavándose de odio contra los ojos de su hijo chiflado de nacimiento
Ojos negros que se hunden en un recuerdo en donde no estoy
Ojos negros que no me buscan entre otros niños

Mi padre rodando calles abajo hundido vidas abajo cayendo hombres abajo
Mi padre con un pañuelo ensangrentado se ahorcó anoche 
y su cabeza coronada de ortigas se parece al busto negro de un indio

Ahorcado de pena bajo las ramas de mi hamaca
Ahorcado de culpa como un condenado a despreciar a su hijo de por vida
Ahorcado de odio contra la simiente de sus huesos
Ahorcado de horror contra ese pequeño espejo de su rostro
Ahorcado de furia con el puño de sus manos que hicieron el nudo
Ahorcado de crimen con su sangriento trapo rojo
Ahorcado de espanto por los espermas a mil grados a punto de concebirme 
Ahorcado de pánico y de hambre sexual por la nada
Ahorcado de dolor por lo perdido por lo olvidado por lo que nunca más será tenido
Ahorcado de vergüenza por lo que sembraron sus huesos
por su niñez hecha de quilos de leña cargada al hombro
y las palizas recibidas de su padre con el cinto
Ahorcado de asfixia por los que decidieron no ahorcarse para seguir viviendo

Mi padre que me decía que iba de niño de alpargatas al colegio
y no tenia plata para comprarse libros
entre los chicos del pueblo
Mi padre que fue monaguillo 
Mi padre que varias veces me golpeó y también golpeó el rostro de mi madre
Mi padre que alguna vez lloró ante mí con ojos de chimpancé angustiado
cuando bajo el helado cielo de julio enterraban a su padre

Mi padre se ahorcó anoche al atravesar para siempre el patio de casa.


De Príncipe Vlad y otros poemas.
Llantodemudo, 2012.

jueves, 5 de julio de 2018

Príncipe Vlad / Iván Wielikosielek



Ey pa
tu hijo hubiera tenido la fuerza del Príncipe Vlad
para detener el avance de los turcos
pero en lugar de enseñarle a ser un guerrero
te fuiste

y lo dejaste solo en una casa vacía
con esa mujer que le enfermó el alma

tu hijo hubiera tenido la fuerza de los hijos de Valaquia
pero en lugar de enseñarle a manejar la espada
te fuiste

y su valentía se volvió
temor
mansedumbre
indiferencia asesina

y su violencia se volvió
extraño perdón
misericordia
oscura melancolía

pero en lugar de enseñarle a ser un voivoda
te fuiste

y lo dejaste leyendo libros de terror
con esa mujer que contaminó su hombría

Ey pa
tu hijo hubiera tenido la fuerza del Príncipe Vlad
para detener el avance de los turcos
pero en lugar de manejar la espada
ahora escribe poemas en soledad
como un mariquita.


De Príncipe Vlad y otros poemas.
Llantodemudo, 2012.


miércoles, 4 de julio de 2018

Mi padre me lava las manos en una palangana de invierno... / Iván Wielikosielek



Mi padre me lava las manos en una palangana de invierno
Yo tengo ocho años y mi piel sangra como si lavaran peces muertos
Mi padre me lava las manos como si limpiara mi nombre
Yo estoy por repetir tercer grado y hace mil años que no le digo papá
Mi padre me lava las manos y me las restituye como en un milagro
Yo estoy por tomar la comunión y voy a leer los evangelios cada día
Mi padre me lava las manos como si se las lavara a Pilatos
para que en sus sueños no quede sangre inocente por redimir
para que entre sus dedos el pan se multiplique como caricias
para que en sus palmas no quede otra cachetada que contra sí
Mi padre me lava las manos en una palangana de invierno
antes de irse del pueblo para siempre
antes que mi espíritu salga a ensuciarse
con el polvo de este mundo.


De Gatos de Nínive.
Llantodemudo, 2014.

martes, 3 de julio de 2018

La luz se hizo / Mercedes Roffé



VI


La luz se hizo.
¿Quién ha de dudarlo?
Y los pastos y los cielos y los mares.

Sutil aquel que separó
el azul del azul
el día de la noche
el verde metálico del atardecer
del verde-vida del prado.

Vida sutil.
El Ángel vela
herido en su costado.

Brutal.
Brutal también.
¿Quién podría negarlo? ¿Quién
dudará que hay
                              sangre
mucha
sangre
murano derramado
por la tierra-muro blanca sombra
oh muro-mundo siempre
herido
siempre
perfecto          henchido
en el cristal-aleph de un devenir
silencioso y perfecto
                                     siempre
en otro lado?

El Ángel-Número.
Cifra perfecta, infinita, feliz
concatenación
de aleatoriedades
—sin origen ni fin—.

Ochocientos billones de blancos
pétalos bienolientes tiene
el jazmín de lo real
—abierto y entregado.
emanación del loto originario
—partícula
           de blanca fe

Jazmín-noúmeno.
Sinergético loto
de ocho y tantos billones
de pétalos bienolientes,
heridos y entregados.

¿Qué fue antes:
el loto o el jazmín?
¿Por qué caminos vamos
si hay camino
—tiempo herido en su costado?
¿Hay antes y después?
¿Sendero hay?

Hay un aleph-cristal perfecto
ensangrentado.

Completud de tallas convergentes hay
y en el centro el vacío.



De Linternas flotantes.

Modesto Rimba, 2017.

Lo simple / Alexis Comamala

Lo simple            se ha dejado,                      se ha pegado, se ha alojado            mientras los muchachos ...